Cosas.

Son cosas que se notan,
que se sienten,
que se saben.
Cosas que mantienen el corazón caliente,
la sonrisa intacta,
los sueños a flote.
Cosas que te dan aliento,
que te roban suspiros.
Que te enganchan y te emocionan.
Que te quitan las dudas,
te suavizan los miedos. 


Y como dijo Sabina;

"Te quiero. Y no quiero que venga el destino a vengarse de mi, que prefiero la guerra contigo, al invierno sin ti".


Lo que debería hacer:

- Leer más.
- Escuchar mucho más de lo que hablo.
- Conseguir ese tipazo que está en mi cabeza.. Y con el que nunca llegaré a conformarte.
- Hacer menos cosas de las que en realidad me da tiempo a hacer.
- Tener tiempo de descanso y no invertirlo luchando por causas más que perdidas. 
- Llegar antes a los sitios.
- No adelantarme a las situaciones.
...


Debo hacer tanto...

Cambiar tanto, que a menudo se me olvida aceptarme tal y como soy, conformarme con lo que tengo.
No digo que no me acepte, ni con conformarme el dejar de aspirar a más, dejar de luchar, dejar los sueños a un lado. 
Digo el aceptarse y conformarse de:
 "saber valorar lo que uno es y lo que uno tiene". 

Que a menudo, se me olvida.
Y se me olvida el detalle más importante; Vivir.

Y vaya tela.

Porque no es necesario darle tantas vueltas a esta cabeza que me trae loca, y lo sé.  




(Por todas las cosas que deberia hacer y que probablemente, no haré.) 

En un intento por conciliar el sueño te pensé.

Mi cama era cómoda, y ya estaba abrazada a mi almohada... A punto de dormirme.

Pero en esos minutos anteriores, en los que piensas un poco en todo lo que has hecho durante el día... Te pensé
como consecuencia, pensé en ese fin de semana que acababa.
Ese fin de semana, tan genial como todos los anteriores a su lado.

Me di cuenta, unos minutos antes de dormirme, de que ya echaba de menos su olor, sus caricias, su voz. Después de dos noches sintiendo su respiración a mi lado... se me hacía raro tanto silencio.

Mi cama ya no parecía tan cómoda, y creedme cuando os digo que prefería mil veces, esa otra cama en la que nos despertabamos y dabamos mil vueltas durante toda la noche, a la mía.
Que prefería mil veces esa cama en la que cada fin de semana nos tumbamos. En la que aunque no descansáramos lo suficiente, nos valía porque estabamos juntos. Él y yo, y nada más.
Que prefería mil veces esa cama en la que cada noche buscaba sus brazos, en la que me separaba cuando tenía calor y me volvía a abrazar cuando sentía frío.
Esa cama en la que me despertaba cuando inesperdadamente sus brazos me rodeaban.
Reconozco que me encantaba despertarme a media noche para besarle porque sí.
Que me gustaba despertarme cada mañana con los rayos de luz entrando por la ventana, esa luz que en mi habitación siempre molestaba, pero que en esta ocasión, me encantaba.
Verle a mi lado, despertarme a su lado. Ver su sonrisa a escasos centimetros de mi boca... Escuchar sus buenos días y acariciar su cara.

Es que no me hace falta nada más...

Y quiero que llegue otro fin de semana como este, otro fin de semana en el que pueda compartir una noche más a su lado... 
Porque no se si lo sabe, pero por esa clase de cosas, son por las que a mí, me merece la pena cada día que pasa.



(Gracias por inspirarme y por hacerme sentir tan bien.
Gracias por cuidarme cada día y cada noche.
Gracias por quererme y estar cada día.
Por ponerme ñoña... Así, como estoy ahora.
Por hacerme feliz.)

Por ti, por mi...