Su mirada es dulce, como dulce es él en todo su conjunto.
A veces, sus ojos se parecen más al color de esa Coca-Cola que nos tomamos cada tarde entre risas. Otras en cambio, al del café intenso y amargo que tanto me gusta, que desprende ese olor... Uno de mis favoritos.
Sus ojos no son azules, ni grises, ni verdes. Sus ojos son marrones. Marrones como el color de las avellanas, de la tierra que dejamos tras nuestros pasos mientras caminamos de la mano, de la arena cuando es bañada por el mar, del roble que con fuerza, gobierna un gran parque.
Y no sé si será por la forma, si será por sus rizadas pestañas que envidio. No sé si será por el brillo de su mirada, por lo que lleva dentro... No lo sé, pero confieso que sus ojos me tienen ganada. Que sus ojos son ya mis favoritos.
Confieso que es él, el único capaz de transmitirme todo sin necesidad de nada más.
Así que gracias por ser tú el dueño de esos ojos, de esa mirada que me dice cada día "quédate". Es complicado para cualquiera transmitir tantas cosas juntas... Para cualquiera, menos para ti.
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