Cuando un papel se arruga, aunque vuelvas a estirarlo ya nunca volverá a ser el mismo. 

Algo similar ocurre con los sentimientos.

Una vez dañados es imposible volver a dejarlos tal y como estaban.

Es necesario perdonar aunque sea imposible olvidar.

Es necesario, sobre todo cuando creemos que merece la pena hacerlo.

Cuando nuestro corazón y nuestra cabeza se ponen de acuerdo y nos empujan a ello. 

Y aunque bien es cierto que equivocarse sirve para aprender, la cicatriz siempre quedará como el recuerdo de que alguna vez fallamos, o que alguna vez nos fallaron.




No hay comentarios:

Publicar un comentario