Miramos
al futuro con planes de presente recordando el pasado, ¿Y cuál es el
problema? Recordamos y por eso, podemos echar de menos paisajes, cosas,
lugares, momentos. Podemos echar de menos personas. Preguntarnos porqué
no ha salido bien, o en cambio porqué ha salido tan increíblemente
genial. Podemos recordar la felicidad y también el dolor que en su día
sentimos de aquel modo.
Podemos y lo hacemos.
Los recuerdos,
las cosas que por algún motivo se quedaron en nosotros, tanto los que
causaron alegría y sorpresa, como los que por otro lado nos hicieron
sentir tristeza o decepción, fueron los que hoy nos hacen ser como
somos.
Así es la vida. Crecemos, miramos al pasado de vez en cuando,
miramos siempre con ganas al futuro inesperado, vivimos el presente.
Las cosas se dan mientras crecemos. Entendemos que todo pasa porque es
necesario que pase, y avanzamos al igual que el tiempo avanza, sin poder
detenerlo, sin poder detenernos.
La nostalgia se convertirá en la
nueva protagonista de cada etapa de nuestra vida. Y se nos perderá la
mirada cuando sin poder evitarlo, recordemos con añoranza los buenos
momentos, esos que te tocan el alma, y entonces sí, entenderemos en ese
momento, porqué las cosas vinieron y vendrán, porqué se han ido o poco a
poco se van.
Porqué están.
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