Nos mecíamos con el viento de la noche...

Y era algo así, como cuando las olas pasean timidas por el mar en un día de verano...

Yo era su tesoro y él era mi pirata.

Nos habíamos encontrado, no hacía mucho.

Pero os juro, que desde entonces, mis ojos no han sido los mismos.

Mi mirada ya no buscaba a la luna para perderse cada noche en ella,

ahora sólo lo buscaba a él.


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